REFLEXIÓN SOBRE LOS COMPORTAMIENTOS MACHISTAS

Desde mi punto de vista, no hay lugar a dudas, las actitudes machistas que acechan a nuestra sociedad son inaceptables y, por lo tanto, no deberíamos permitirlas en ningún caso.

Estos comportamientos son y han sido protagonistas inexorables  a lo largo de la historia de la humanidad. La mujer siempre ha sido infravalorada y considerada como un individuo inferior.

A pesar de que es obvio que la situación ha mejorado notablemente, estas formas de actuar siguen estando presentes en lugar de ser completamente desautorizadas por la opinión pública, como sería de esperar.

En primer lugar, hay que señalar que todos deberíamos luchar por la inserción de la mujer en una sociedad berdintasuna-logoa (1)de igualdad entre ambos sexos. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos y ninguno de los dos géneros es superior a otro.

Asimismo, me gustaría hacer hincapié en el derecho a la independencia y la autonomía de cada persona pues nadie debería ser controlado por ningún otro ser humano. Si bien este control puede ser considerado consecuencia insignificante de celos, es evidente que, como los estudios demuestran, el número de maltratos ha crecido en los últimos años y, en muchas ocasiones, el origen de éstos está en estas actitudes aparentemente inofensivas que, poco a poco, destruyen la autoestima de las mujeres hasta verse sumisas y sin fuerzas para defenderse ante sus maltratadores.

A esto me gustaría añadir que hay otras muchas maneras  de demostrar el afecto y amor por una persona que no sea la represión de ésta. Sin embargo, pese a parecer evidente la necesidad de priorizar el bienestar de uno mismo, muchas jóvenes optan por no denunciar la nombrada actitud posesiva y violenta bien por miedo o porque es en muchos casos aceptado socialmente. Todavía hay mucha gente machista que no ve igual una acción realizada por un hombre o una mujer y juzga a ésta por la forma de vestir, por hablar con un chico que no sea su pareja,…lo que provoca profundos sentimientos de culpabilidad en las mujeres. De hecho, los reproches del novio y de la propia sociedad hacen que las jóvenes se expongan a la agresión machista y no le hagan frente.

No obstante, no todo radica en el agresor y la sociedad, sino que en ocasiones son ellas mismas las que juegan un papel decisivo ante este problema. Aunque es cierto que el miedo y la sociedad influencian la iniciativa de las jóvenes, son ellas las que toman la última decisión.

Por otro lado, las continuas advertencias, así como los numerosos casos que muestran las consecuencias en las que se pueden desencadenar pequeños detalles discriminatorios son suficientes para alarmar a la joven quien decidirá si poner fin a la situación o aceptarlo con todo lo que conlleva.

En conclusión, las actitudes machistas son una lacra de la sociedad que no deberían quedar impunes. Por lo tanto, creo que es indispensable que desde la infancia, tanto en la familia, como en el resto de los ámbitos de la sociedad misma, se eduque para rechazar estas situaciones.

Maialen Monje

2. mailako batxilerra

Reflexiones a propósito del artículo “Defectillos” de Isabel Vicente

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Defectillos

logo_seccion                                     Domingo 06 de marzo de 2011
Leía el otro día un reportaje en el que se recogían las conclusiones de una encuesta realizada a adolescentes sobre la influencia que sobre ellos pueden causar los roles machistas de las series de televisión. Pues bien, resulta que a las jóvenes les gustan los malos de las pelis, los turbios algo canallas, los atormentados a los que finalmente salva el amor, lo que, llevado a la vida real, se traduce en que te atraiga más el repetidor desgreñado y espatarrado de la última fila que el buen chico y amigo eterno que se sienta a tu lado.

Nada nuevo, como tampoco lo es que muchas niñas sigan pensando que no es malo que el noviete controle cómo te vistes, o se crea con derechos para leer tus mensajes en el móvil considerando que los celos o el control son una prueba de amor. Al fin y al cabo, como todos sabemos, el ser amado es casi perfecto, y si tiene algún defectillo, es corregible y además lo hace interesante.
Pues bien, chicas, va a ser que no. Si algo hemos aprendido en mi generación, es que aquí no cambia nadie. Sólo se empeora. Y en esto no hay excepciones. No pasa nada por enamoraros de un chico feo, pero, tenedlo claro: Con el tiempo, se hará aún más feo, y encima, viejo. Pues bien, esto vale para todo. Asume que esa introspección que te hace verlo como un chico misterioso y taciturno, puede convertirlo en un par de años en un ser aburrido al que no lograrás despegar de la pantalla del ordenador, y ese juerguista y ligón al que crees que apaciguarás cuando lo metas en tu cama, se acabará escapando de farra en cuanto te des la vuelta a no ser que lo aceptes como es o te conviertas en su compañera de parranda. Al tiempo y verás…
Si ahora es antipático con tu familia, en un tiempo dejarán de hablarse. Si en las primeras citas se resiste a acompañarte al cine, da por hecho que jamás lo hará.
Si no es detallista, no te canses insinuándole lo feliz que te haría que te regalara flores por tu cumpleaños porque te las regalará una vez, y al año siguiente te llevarás un berrinche. En fin, que en la vida real, las ranas, por mucho que las beses, siguen siendo ranas, y el que es borde, grosero, vago o egoísta seguirá siéndolo hasta que se muera…
Y por favor, dale puerta ya a ese imbécil que te controla los mensajes del móvil, te grita si te ve con otro chico y te obliga a abrocharte un botón más de la camisa. Con el tiempo, si no lo frenas, se creerá tu dueño y esas «muestras de amor» que ahora hasta te halagan, te pueden acabar llevando a las portadas de los periódicos.
El que es machista, violento y posesivo a los 20 años, acabará, si le dejas, maltratándote a los 30 y maldita la gracia que tiene eso.

Isabel Vicente

Examen de Selectividad en la Comunitat Valenciana (2011)

“Nosotras y ellos”, Rosa Montero

 “He tardado muchos años de mi vida en llegar a comprender que si me gustan los hombres es precisamente porque no les entiendo. Porque son unos marcianos para mí, criaturas raras y como desconectadas por dentro, de manera que sus procesos mentales no tienen que ver con sus sentimientos; su lógica, con sus emociones, sus deseos, con su voluntad, sus palabras, con sus actos. Son un enigma, un pozo lleno de ecos.
Se habrán dado cuenta de que esto mismo es lo que siempre han dicho los hombres de nosotras: que las mujeres somos seres extraños e imprevisibles. Definidas socialmente así durante siglos por la voz del varón, que era la única voz pública, las mujeres hemos acarreado el sambenito de ser incoherentes e incomprensibles, mientras que los hombres aparecían como el más luminoso colmo de la claridad y la coherencia. Pues bien, de eso nada: ellos son desconcertantes, calamitosos y rarísimos. O al menos lo son para nosotras, del mismo modo que nosotras somos un misterio para ellos. Y es que poseemos, hombres y mujeres, lógicas distintas, concepciones del mundo diferentes, y somos, las unas para los otros, polos opuestos que al mismo tiempo se atraen y se repelen.
No sé bien qué es ser mujer, de la misma manera que no sé qué es ser hombre. Sin duda, somos identidades en perpetua mutación, complejas y cambiantes. Es obvio que gran parte de las llamadas características femeninas o masculinas son producto de una educación determinada, es decir, de la tradición, de la cultura. Pero es de suponer que la biología también debe de influir en nuestras diferencias. El problema radica en saber por dónde pasa la raya, la frontera; qué es lo aprendido y qué lo innato. Es la vieja y no resuelta discusión entre ambiente y herencia.
Sea como fuere, lo cierto es que hoy parece existir una cierta mirada de mujer sobre el mundo, así como una cierta mirada de varón. Y así, miro a los hombres con mis ojos femeninos y me dejan pasmada. Me asombran, me divierten, en ocasiones me admiran, a menudo me irritan y me desesperan, como irrita y desespera lo que parece absurdo. A ellos, lo sé, les sucede lo mismo. […] A veces se diría que no pertenecemos a la misma especie y que carecemos de un lenguaje común.
El lenguaje, sobre todo el lenguaje, he aquí el abismo fundamental que nos separa. Porque nosotras hablamos demasiado y ellos hablan muy poco. Porque ellos jamás dicen lo que nosotras queremos oír, y lo que nosotras decimos les abruma. Porque nosotras necesitamos poner en palabras nuestros sentimientos y ellos no saben nombrar nunca lo que sienten. Porque a ellos les aterra hablar de sus emociones, y a nosotras nos espanta no poder compartir nuestras emociones verbalmente. Porque lo que ellos dicen no es lo que nosotras escuchamos, y lo que ellos escuchan no es lo que nosotras hemos dicho. Por todos estos malentendidos y muchos otros, la comunicación entre los sexos es un perpetuo desencuentro.
Y de esa incomunicación surge el deseo. Siempre creí que a lo que yo aspiraba era a la comunicación perfecta con un hombre, o, mejor dicho, con el hombre, con ese príncipe azul de los sueños de infancia, un ser que sabría adivinarme hasta en los más menudos pliegues interiores. Ahora he aprendido no sólo que esa fusión es imposible, sino además que es probablemente indeseable. Porque de la distancia y de la diferencia, del esfuerzo por saltar abismos y conquistar al otro o a la otra, del afán por comprenderle y descifrarle, nace la pasión. ¿Qué es el amor, sino esa gustosa enajenación; el salirte de ti para entrar en el otro o la otra, para navegar por una galaxia distante de la tuya?”
(Rosa Montero, «Nosotras y ellos», El País Semanal, 7 de noviembre de 1993)

ACTIVIDADES:

Este texto permite reflexionar sobre el complejo fenómeno de la comunicación y es muy adecuado para reforzar el concepto de cohesión del texto.
  1. Explica, mediante un esquema, la organización ideológica del texto señalando las partes de que consta y el contenido de éstas.
  2. El texto alcanza un alto grado de cohesión. ¿De qué procedimientos se sirve la autora para conseguirlo? Identifícalos.
  3. ¿Cuál es el tema?
Cuando hayas hecho tu comentario, puedes comprobar el resultado cotejándolo con la propuesta de análisis de la editorial Casals y realizar así tu autoevaluación.